sábado, 1 de marzo de 2014

Dom 8º T.O.A: "No podéis servir a Dios y al dinero"


Poca gente se percibe del daño que provocan en muchas personas algunos criterios y pautas de actuación que la economía actual considera valores indiscutibles. Son, los que un autor llama “los demonios de la economía” y que actualmente “andan sueltos”. El primero es, tal vez, el rendimiento. Durante muchos años, los seres humanos han tenido el sentido común suficiente como para no trabajar más que lo pre­ciso para llevar una vida satisfactoria.
El capitalismo moderno, por el contrario, elevó el traba­jo como el “sentido de la vida”. El tiempo es oro: "quien no lo aprovecha para ganar, está per­diendo la vida".
El segundo demonio sería la obsesión por acumular dinero. Sabemos que el dinero comenzó siendo un medio inteligente para medir el valor de las cosas y facilitar los inter­cambios. Hoy sin embargo, “hacer dinero” es para muchísima gente una especie de deber. Es difícil llegar a ser alguien si no se tiene dinero y poder económico. La obsesión se hace tiranía y deseo insaciable que exige toda clase de sacrifi­cios. (estracto Homilética 2-2011)

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