"Este pais necesita una coalición..." "Este pais ha votado una mayoria
de izquierdas..." "El país no está para experimentos..." "Esta Iglesia
necesita cambiar..." "La Iglesia no puede ir por ahí..." "Dios no
quiere...." "Dios espera de nosotros..." etc. etc. con qué
facilidad políticos, opinadores, clérigos y demás, suelen, solemos
utilizar esa apelación mayestática al pais, a la nación, a la Iglesia o a
Dios, para apoyar nuestra propia opinión. Parece que donde faltan los argumentos hay que apoyarlos en esa apelación solemne a lo más importante...
¡¡¡Peligro!!! ¡ojo con los mentirosos y manipuladores, con aquellos
que esconden su insaciable ambición de poder detrás de los discursos
grandilocuentes, ojo con aquellos que se sienten mesías y
salvadores....! Líbrenos Dios... En medio de tantos discursos
embaucadores... merece escuchar a aquél que apenas habla pero hace.
sacerdote navarro en medio rural, deseoso de compartir la fe, experiencias y vida
martes, 26 de enero de 2016
martes, 8 de diciembre de 2015
Madre
La madre de Teresa murió cuando ésta tenía catorce años. "En cuanto empecé a
caer en la cuenta de la pérdida que había sufrido, comencé a entristecerme sobremanera;
entonces me dirigí a una imagen de Nuestra Señora y le rogué con muchas lágrimas que
me tomase por hija suya". Así describe Santa Teresa de Jesús en el libro de su vida, su experiencia al perder a su madre.
Pensé en este pasaje de la Santa, estos días que he perdido a la mía. Y como ella, yo también me dirijo hoy a ti, Madre del Cielo pidiéndote que seas desde hoy seas mi madre, no sólo como un título con el que me dirigía a ti hasta ahora, sino sintiéndote como madre de verdad. Y como hacía con Carmen aquí, te llamaré al menos dos veces al día, para saludarte y contarte algo de mis alegrías y tristezas, mis preocupaciones. Los domingos que comía y pasaba la tarde con ella, te rezaré el rosario de una manera más pausada de lo habitual. Y procuraré ocuparme de tus asuntos, cuidando que nada te incomode u ofenda, que nada te falte... como hacía con mi madre.
Madre del Cielo, María, no me dejes nunca de tu mano, hasta que un día puedas tú ponerla de nuevo en las manos de mi madre Carmen, y allí en el Cielo juntos, contigo y con tu Hijo, mi hermano mayor, Jesús, vivir felices para siempre.
Pensé en este pasaje de la Santa, estos días que he perdido a la mía. Y como ella, yo también me dirijo hoy a ti, Madre del Cielo pidiéndote que seas desde hoy seas mi madre, no sólo como un título con el que me dirigía a ti hasta ahora, sino sintiéndote como madre de verdad. Y como hacía con Carmen aquí, te llamaré al menos dos veces al día, para saludarte y contarte algo de mis alegrías y tristezas, mis preocupaciones. Los domingos que comía y pasaba la tarde con ella, te rezaré el rosario de una manera más pausada de lo habitual. Y procuraré ocuparme de tus asuntos, cuidando que nada te incomode u ofenda, que nada te falte... como hacía con mi madre.
Madre del Cielo, María, no me dejes nunca de tu mano, hasta que un día puedas tú ponerla de nuevo en las manos de mi madre Carmen, y allí en el Cielo juntos, contigo y con tu Hijo, mi hermano mayor, Jesús, vivir felices para siempre.
viernes, 6 de noviembre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
Misioneros y Famosos
Se habla mucho de la basura que nos
vomita la televisión todos los días, con las historias de esos personajes y
personajillos que su único mérito es haberse arrimado a otro famosillo que a su
vez se arrimó a otro y así hasta el infinito. Amantes de cantantes y actrices,
modelos, exmaridos de hijas de toreros, personas y personajes que hacen de sus
intimidades una mercancía, dispuestos a todo por el dinero. Y luego esos programas que encierran a unas
personas en situaciones inverosímiles para que hora tras hora, día tras día,
contemplemos el transcurrir de sus vidas, excitados por el morbo. Realmente hay
que preguntarse hasta que punto nuestra sociedad está entrando en una espiral
de embrutecimiento al dedicar tanto tiempo y dinero a esas vidas de
miseria. Sí, algo grave está pasando
cuando somos capaces de encumbrar a este tipo de personajes y sin embargo
aquellos que realmente hacen algo por los demás gratuitamente pasan
desapercibidos. Este puede ser el caso
de nuestros misioneros. Miles de
compatriotas nuestros que anónimamente, están realizando en los países más
pobres una labor de titanes. ¡Qué sería
de este mundo sin ellos! ¡Quién nos iba
a recordar la injusticia en que viven tantos pueblos! ¡Quién iba a subir a las favelas del
Brasil, o bajar a los suburbios de las
ciudades africanas a llevar un poco de pan y cariño! ¡Quién iba a recoger a los muertos por las
calles de Calcuta!... Y encima sin
cobrar nada, sin ningún reconocimiento.
Sólo de vez en cuando, una noticia escueta en las televisiones sobre
ellos, sobre todo cuando en alguna masacre aparecen ellos como los únicos que
se quedan al lado del pueblo. Y es que
los misioneros parecen seres de otro planeta. Porque están a años luz de los
valores en boga, de lo que se nos vende en las TVs, de lo que todos aspiramos
como ideal de vida. Pero lo bueno de
todo esto es que no cabe ninguna duda de quién es más feliz: no hay más que
verlos en la Tv con esa alegría sin fingimiento que les sale del alma y
compararlos con esos rostros y esas posturas desencajadas del famoseo. Comparar
aquella monjita rescatada de la masacre de Ruanda que decía que estaba
esperando volver lo antes posible, con esa famosa que alardea de su adulterio.
Los
misioneros han entendido bien lo que Jesús nos decía hoy en el evangelio: que
El no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida por todos.
Ellos son la gloria y la honra de nuestra Iglesia y de la humanidad. Y hoy día del Domund en que
se nos solicita nuestra oración y nuestra ayuda económica, nosotros correspondemos con todo nuestro
aprecio y generosidad. Que el Señor nos haga a todos servidores de los demás, y
dé a la Iglesia misioneros y misioneras dispuestos a anunciar el evangelio a
todos los hombres.
viernes, 2 de octubre de 2015
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