viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Dónde estabas el 11-S?


Pasan los años y aquella fecha sigue marcando un antes y un después de la reciente historia mundial... pero también en lo personal creo que a todos nos marcó para siempre. A mí me tocó en pleno cambio de parroquia, de hecho ese dia fué mi primer dia en la nueva parroquia y mi primer servicio fue enterrar a una persona. Recuerdo nítidamente aquella sensación de incredulidad, sentimientos de estupor, de horror, conciencia de estar viviendo un acontecimiento que iba a marcar para siempre la historia. Era como ver una superproducción de hollywood en directo. Recuerdo que estaba comiendo con mi familia, y a eso de las 3:30 sentado en el sofá, mientras saboreaba un café, las imágenes por la TV de la torre norte herida por un costado... Todavía los medios de comunicación no hablaban de un atentado sino de un accidente... y de repente, el impacto sobre la otra torre, el derrumbe, las vistas impresionante de Nueva York (fotogénica hasta en el horror)...
Luego, en el funeral tuve que hablar del ataque terrorista y de que si los seres humanos no teniamos suficiente con sufrir los ataques del cáncer y otras enfermedades teníamos que hacernos esto los unos a los otros... Y después, una tristeza que se agarró al corazón durante muchos dias... y que se volvió a repetir el 11-M del 2004 en Madrid.
¿Hasta cuando Señor?

martes, 2 de septiembre de 2008

creer o no creer


G.R. es mi amigo desde hace algunos años, coincidimos casualmente por internet buscando ambos un documento en un foro... nos vemos pocas veces porque él vive en el extranjero pero con el tiempo y la ayuda de esta red de comunicación que es internet hemos llegado a crear y mantener una gran amistad. G.R. es tambien para mí un hombre al que admiro. Admiro su generosidad que le hace capaz de compartir su casa y su mesa con sus amigos todo el tiempo que sea necesario. Admiro su bondad natural que le lleva a estar implicado en una organización pro derechos humanos o a ayudar con su dinero a un refugiado iraní al que visita mensualmente. Admiro sus convicciones profundas y su estilo de vida prosaico, austero, en tantas cosas a contracorriente de lo que esta sociedad materialista y consumista nos impone, que no pone problemas a reciclar ropa o muebles que encuentra en la basura para uso propio, de su familia o de sus amigos. Admiro su militancia ecologista en gestos sencillos como por ejemplo usar sólo medios de transporte públicos o reutilizar la misma bolsa siempre que va a la compra... Pero lo más admirable y extraño para mi es que esta manera de ser no se sustenta sobre ninguna creencia religiosa. Aunque G.R. tiene origenes familiares católicos, es agnóstico. Su cosmovisión es totalmente inmanente. A veces hemos hablado de estos temas: el sentido de la vida, la muerte, el más allá... El me confiesa con absoluta naturalidad que el sentido de la vida es amar y hacer todo el bien posible a los demás, pero él no espera nada del más allá. Y esto me lo dice sin un ápice de amargura ni ansiedad, es más, sin ningun deseo de convencerme de ello.
Yo, al contrario, con ánimo de convencerle, siempre acabo hablándole de Jesucristo, haciéndole ver que mi creencia en el más allá y en Dios, es sobre todo un acto de confianza en la persona de Jesús en lo que hizo y dijo.
"Pero a fin de cuentas", me dice, "aunque no crea, ya cumplo con el evangelio, ¿no?"

Todo esto me resulta desconcertante, porque no puedo apelar a que la fe provoca una vida más ética, más entregada, porque cuando me comparo con él veo que en esos aspectos es mejor que yo. Es por otra parte, confirmar aquello que dijo Jesús: "no todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre"

La vida de mi amigo me hace preguntarme ¿por qué creo yo? ¿cómo se manifiesta eso en mi vida?... lo único que se me ocurre es la gratuidad de la fe y que en última instancia la fe es una cuestión de amistad con Alguien que "no sabes cómo" se ha hecho presente en la propia vida. Me doy cuenta que la misma gratuidad que encuentro en la amistad con G.R. la encuentro con Dios, es algo que no controlo, está ahí, se me da y sólo puedo acogerla con respeto asombrado y agradecido, procurando no perderla, gozando de ella cada instante... mientras se de....

lunes, 9 de junio de 2008

Fra Angélico


Viernes, 6 de junio, 17:30 h., París, Louvre.
Estoy de visita en el museo y me detengo ante el cuadro de Fra Angélico: la Coronación de la Virgen, estoy sorprendido por el colorido del cuadro... En esto se me acerca un hombre de mediana edad, y me pregunta si sería capaz de leer lo que pone en alguna orla dorada de los santos, porque él no alcanza a verlo... le digo que yo tampoco alcanzo a leerlo y con toda naturalidad entablamos conversación sobre la maravilla que estamos contemplando. Debìa de ser un hombre muy versado en arte porque me descubrió en unos pocos minutos los secretos que escondía el cuadro que estábamos mirando para los cuales yo estaba ciego. Primero me preguntó si era capaz de identificar a los personajes, luego me habló sobre la composición en perspectiva, de cómo los primeros personajes son por lo menos un tercio más grandes que los del segundo plano, salvo los personajes centrales: Jesús y María que mantienen un tamaño irreal para dar cuenta de su protagonismo. Me habló también de que los santos y ángeles están en amena conversación, porque la alegría se comunica... también de que a ninguno se le ve los pies porque todos están como ingrávidos... y las trompetas dirigidas a todos los puntos cardinales no son las del apocalipsis como yo le apunté sino las del concierto musical celeste que los ángeles están dando a los bienaventurados... etc. etc. toda una lección de arte y su significado en pocos minutos. Me quedé con ganas de continuar con él haciendo el recorrido del museo, pero no pudo ser porque iba con algunos feligreses.... pero fue un encuentro que me dejó el corazón agradecido hacia el desconocido.

martes, 27 de mayo de 2008

Tendencias


No voy a hablar de las nuevas tendencias de la moda adulta, tan profusamente expuestas en el desfile de la procesión del Corpus, con algunos padres y madres tan vistosamente vestidos a la última de El Corte Inglés, ni tampoco de los nuevos trajes de comandante general de la marina o de los nuevos vestidos de princesa disney que los sufridos niños se ven obligados a lucir, tampoco hablaré de las últimas maravillas tecnológicas en fotografía y video digital que se mostraban para congelar ese momento mágico en que la niña echa flores hacia no sabe donde... no hablo de eso... eso forma parte de la parafernalia kitsch (y me atrevería decir: pagana) que se ha montado alrededor de esta procesión. Lo que sí quiero hablar es de la tendencia que los cristianos, sí, los cristianos de todos los dias, domingos y fiestas de guardar, de todos esos que van a misa y que han decidido, poco a poco y año tras año, abandonar esa procesión y quedarse en sus casas... me temo que en cierta medida avergonzados ante el espectáculo que se muestra. Así se está llegando al momento en que el Santísimo es una mera excusa para sacar a los niños comulgantes de paseo y hacer esos teatrillos tan bonitos con campanillas, flores y banda de música. Digo bien, una excusa: porque ¿dónde está toda esa gente el resto del año cuando la comunidad se reune a celebrar la eucaristía? Si esta fiesta surgió para contestar a los que dudaban de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, quizás ha llegado el momento de replantearla porque ahora el problema no es la duda, sino la indiferencia, y el peligro de banalización de todo lo sagrado... o dicho de otra manera ¿Cómo mantener esta procesión en un contexto de secularidad tan acusado? Sí ya lo sé... abnegación e identificación con Cristo pobre y humilde...

jueves, 15 de mayo de 2008

Transeúnte


Ayer, a la hora de misa, me encontré, en la puerta de la iglesia, a un hombre que estaba tumbado con síntomas de estar bastante bebido... Le pregunté qué hacía ahí, si le pasaba algo... él, creyendo que le echaba, me respondió que aquella casa era la casa de Dios y tenía derecho a estar ahí. Lo hizo con tal dulzura y con una cara de estar de vuelta de todo, que me conmovió. Le dí una pequeña limosna para que pudiese cenar, pero me quedé con esa sensación de impotencia y de no haberle atendido lo suficiente. Luego, durante la misa, le ví arrodillado en el último banco... pensé que quizás era una puesta en escena para que luego a la salida la gente sintiese un poco mas de piedad por él y asi conseguir algo más de dinero... pero no creo que fuese una pose, antes al contrario, una forma de estar ante Dios, de alguien que habiéndolo perdido todo, sólo conserva la fe.
Con la primavera comienza la procesión, y digo bien, procesión y no desfile, de los transeúntes que van y vienen de este a oeste y de norte a sur, como en una procesión de semana santa, en la que cada uno de ellos exhibe como eccehomos, el dolor de la vida, el abandono, la indiferencia, la enfermedad... Los hay exigentes, violentos, duros, huraños... y los hay tambien, amigables, dulces, humildes, que saben agradecer una simple palabra dirigida a ellos... Todos ellos nos interpelan, son los "pobres de Dios" porque a su pobreza material se une la pobreza de no querer o no tener fuerzas para salir de esa situación.
Hoy, leyendo el periódico, en una página central, dos fotos de un niño chino en una camilla al lado de su casa en ruinas, y una madre birmana con cinco o seis niños, al borde de campos anegados de agua, esperando una ayuda que nunca llega y con la amenza de nuevas y fuertes tormentas...
El dolor de nuestro mundo, cercano y lejano, está siempre ahí... También, gracias a Dios, la semilla de misercordia que Dios ha plantado en nuestros corazones.